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lunes, 7 de julio de 2014

domingo, 14 de julio de 2013

Programa Museo Hudson del 14 de Julio

 
 
Presione en play para escucharlo sin descargar o, si quieren descargarlo presionen en descargar en el lugar donde está alojado el audio
En este programa entrevistamos a integrantes del grupo Puerta Abierta quienes están haciendo una intervención artística en el museo.
Silvia Ariza comparte con nosotros algunas fotos de la intervención artística a un camión de caudales realizada en nuestra institución  Fotos de la intervención
Más información sobre Silvia Ariza y Puerta Abierta en:



TALLER de arte “AQUELARRE”      








  • Artista integrante de los grupos "PuertAbierta" y "Cruce de caminos"

  •  

    Otros integrantes del Grupo Puerta Abierta:

    viernes, 21 de junio de 2013

    Buscado: W. H. Hudson

    Publicado en el diario Perfil el 9 de Junio

    Por Quintín |

    Hace muchos años, al recorrer la vieja Ruta 2 solía verse una cartel que decía “Al solar natal de Guillermo Enrique Hudson”. Ahora, en el camino nuevo se pasa por el peaje Hudson, que está en otra parte. Es que Hudson nació en Quilmes, en una localidad que hoy se llama Ingeniero Allan y pertenece a Florencio Varela; a su vez, el pueblo que fue bautizado en su honor en 1930 es parte de Berazategui. La dispersión geográfica de Hudson resulta una buena metáfora de un escritor que está un poco perdido.
    Una prueba podría ser que en San Clemente no se consigue una edición de Far Away and Long Ago (1918), que César Aira describe como: “centro y clave de su obra, las memorias de su infancia argentina, hermoso título definitivamente traducido por Allá lejos y hace tiempo”. Sospecho que el libro ha dejado de ser un texto escolar y por eso la última edición en castellano es la de Acantilado en 2004 que lo rebautizó –otra hazaña negativa de los traductores españoles– como Allá lejos y tiempo atrás y donde “gallinetas, gallaretas y batitúes” pasan a ser “rascones, fochas y caraos”.
    De todos modos, William Henry Hudson era un escritor misterioso desde antes. Hijo de padres emigrados desde Estados Unidos, nació en 1841, partió en 1874 a Londres, donde murió en 1922. Nadie se explica bien esa mudanza y menos la razón por la cual Hudson, que decía no considerarse un escritor sino un naturalista, pasó hambre durante dos décadas para abrirse paso en el estratificado mundo de las letras británicas y ser, residualmente, una leyenda ambigua y un escritor fundacional en ambas orillas del Río de la Plata. Ni Borges sabía bien qué hacer con Hudson, que alababa la civilización y el Imperio como Kipling, pero amaba la barbarie, que fue rosista de este lado del río y Blanco en el otro. En la insoportable etapa criolla de El tamaño de mi esperanza (1926), Borges saluda a Hudson como uno de los propios y en 1941 califica The Purple Land como “uno de los muy pocos libros felices que hay en la Tierra”. Pero en los sesenta, de acuerdo a las Memorias de Bioy, lo rebaja a la categoría de escritor menor, apreciado sólo por Martínez Estrada y justamente relegado en su propio país. En un libro excitante, las Amistades literarias de Ford Madox Ford recientemente editado en Chile por la Universidad Diego Portales, el autor desmiente rotundamente a Borges: “no había ningún escritor que no reconociera que era el más grande escritor vivo de la lengua inglesa”. Joseph Conrad y T.E. Lawrence, entre otros, avalaban esta definición. Lo de Borges suena a un ajuste de cuentas contra Martínez Estrada, y El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson que, aunque farragoso como todo lo suyo, contiene iluminaciones memorables como ésta: “Hudson recibe la gracia de que la verdad del mundo se le oculte para siempre y en cambio se le permita comprender el misterio de su belleza”. Las ficciones argentinas de Hudson, el Allá lejos y El ombú, muestran un universo literario sereno, completamente original, en el que no hay ricos y todas las vidas se pierden en el olvido o la desgracia. Ninguno de los escritores que he leído es capaz de escribir historias de fantasmas que no son en verdad tales, sino criaturas que se vuelven pálidas frente al esplendor de la naturaleza. Encontremos a Hudson.
     

    Recuerden que en nuestra biblioteca virtual hay varios libros de Hudson para descargar gratuitamente.

    domingo, 19 de diciembre de 2010

    Programa de Radio Museo Hudson de 19 de Diciembre

    Presione en play si quiere escucharlo sin descargar o , a continuación, verá las opciones para descargarlo y escucharlo sin estar conectado a Internet:



    Con la conducción de Floreal Medina ya que Rubén Ravera está en un acto en el Museo y la participación de Graciela Moraña narrando textos de Guillermo Enrique Hudson.

    Floreal Medina lee el prólogo de El Ombú escrito por Guillermo Ñañez

    El Ombú y otros cuentos si quieren descargarlos.

    Graciela Moraña lee el tercer capítulo de El Ombú


    domingo, 31 de octubre de 2010

    Recordando a Néstor Kirchner en su Visita a Florencio Varela

    Fotos que publicamos en nuestro blog el 3 de enero del 2009 cuando Néstor Kirchner visitó Florencio Varela y recibió dos libros de Guillermo Enrique Hudson :


    Segmento del programa "Museo Hudson" del 31 de Octubre.






    Fotos del 8 de enero del 2009 en donde el Director del Museo -Rubén Ravera entrega dos libros de Guillermo Enrique Hudson al ex presidente Néstor Kirchner y también Daniel Scioli y el Intendente de Florencio Varela.

    jueves, 14 de octubre de 2010

    Obras sobre Guillermo Enrique Hudson y Manuales para descargar


    Las habíamos dejado en otro servidor que lamentablemente hizo las cosas mucho más difíciles para descargar, en una única entrada lo que tenemos para descargar, los libros fueron revisados luego del escaneo por voluntarios de la lista "Biblioteca_hudson", es posible que en nuestro blog encuentren otras entrads con más libros de Guillermo Enrique Hudson:





    martes, 20 de enero de 2009

    Narrarán la vida de Hudson



    La Asociación Civil "La Conurbana" tomó forma a principios de mayo de 2004 y desde Florencio Varela promueve y difunde actividades culturales en la región y para todas las edades.

    La Asociación Civil "La Conurbana" tomó forma a principios de mayo de 2004 y desde Florencio Varela promueve y difunde actividades culturales en la región y para todas las edades.

    Desde ese momento ha desarrollado una variada actividad a través del dictado de talleres de distintas disciplinas artísticas, entre ellas danzas nativas, teatro, expresión corporal, danza tango, radio y periodismo y cine y video. La entidad cultural se encuentra ubicada en avenida Del Trabajo 731, Florencio Varela (4255-9528) y allí también se ofrecen recitales de música y encuentros literarios.

    Entre las propuestas que ofrecen para los vecinos varelenses se encuentran variadas alternativas artísticas como obras teatrales, encuentros literarios, presentación de documentales, talleres de cine y video, clases de danzas, y proyecciones de películas en sociedades de fomento y escuelas de la zona.

    Narrarán la vida de Hudson
    Durante el año anterior, la productora estuvo abocada a la realización de su segunda película semidocumental, sobre la vida de Guillermo Enrique Hudson, naturalista y uno de los más grandes escritores de su generación.

    Hudson nació en la estancia "Los veinticinco Ombúes", hoy partido de Florencio Varela, recorrió en su juventud la pampa observando la naturaleza con verdadera pasión. Luego emigró a Inglaterra donde emprendió una brillante carrera literaria hasta convertirse en uno de los mayores escritores de la lengua inglesa de su tiempo.

    Curiosamente los libros de Hudson que más trascendentes se mostraron, son los que hablan de nuestra tierra: Allá Lejos y hace Tiempo, Días de ocio en la Patagonia y La Tierra Purpúrea.

    Para poder realizar este proyecto la institución varelense cuenta con el apoyo del Instituto Cultural y el Ministerio de Desarrollo Humano y Familia de la Provincia de Buenos Aires y están gestionando el apoyo de las embajadas Británica y de Estados Unidos, por lo que esperan esta año poder concretar todas las iniciativas, además de brindar como siempre, espectáculos y cursos de arte para todos.



    miércoles, 16 de julio de 2008

    Acto de celebración del 167° aniversario del nacimiento de Guillermo Enrique




    Tenemos el agrado de invitar a Ud. al acto de celebración del 167° aniversario del nacimiento de Guillermo Enrique Hudson que se realizará en su Solar Natal de Florencio Varela el lunes 4 de agosto a las 11 horas. En este nuevo homenaje disertará el Profesor Jean Phillippe Barnabé (Univesidades de Picardie de Francia y de la República de Uruguay) en el marco del 90° aniversario de la primera edición de “Allá Lejos y Hace Tiempo” y de los setenta años de la primera traducción al castellano realizada por el Dr. Fernando Pozzo y su esposa Celia Rodríguez.

    Esperando contar con su presencia saludamos a Ud. con el mayor de los respetos.

    Enrique Pedrotti Rubén Ravera

    Presidente Director

    Asociación de Amigos Museo Histórico Provincial

    N.B. Al término del acto la Asociación de Amigos ofrecerá un vino de honor y un chocolate para los niños.

    RSVP: (011) 15-5404-6462 / (02229) 497314

    museo_hudson@ic.gba.gov.ar arravera@yahoo.com

    www.hudsonmuseoyparque.org.ar




    lunes, 21 de enero de 2008

    Boy Scouts en el Museo Hudson

    Boy Scouts en el Museo Hudson.


    viernes, 28 de septiembre de 2007

    Mapa de las inmediaciones

    Si quiere ver los alrededores

    Cercanías del Parque Hudson.

    Presionando en el mapa se abrirá en un tamaño mayor


    lunes, 20 de agosto de 2007

    Homenaje a Guillermo Enrique Hudson


    En la Plaza del Bicentenario de Quilmes, junto al busto de Guillermo Enrique Hudson realizado por Santiago Parodi, el Museo Histórico Provincial Guillermo Enrique Hudson y sus amigos colocaron una ofrenda floral en su memoria al cumplirse el 85º aniversario de su desaparición.
    El Director Rubén Ravera evocó la historia de este emplazamiento situado en la intersección de las calles Conesa y Lavalle e inaugurado en 1938 por el Dr. Fernando Pozzo, médico y "profeta de Hudson en América del Sur" al decir del biógrafo Morley Roberts.




    El historiador Guillermo Ñañez leyó un fragmento de "Allá lejos y hace tiempo" .



    (Si quiere ver la foto en un tamaño mayor)

    El Prof. Juan Carlos Lombán se refirió al naturalista y escritor con una aguda semblanza anunciando además la próxima aparición de siete de los veinticuatro libros escritos por Hudson.

    Este acto de homenaje, a pocos días del aniversario de la fundación de Quilmes, muestra una faceta más del rico acervo cultural que alberga la ciudad con un "hijo dilecto" como es Guillermo Enrique Hudson.


    miércoles, 8 de agosto de 2007

    ARBORETUM-PARQUE BOTÁNICO.

    De la página de los Amigos del Parque Ecológico Provincial Guillermo Enrique Hudson.
    Presionando en la imagen podrán verla ampliada.
    Para ver todas las explicaciones del Arboretum((Un Arboretum es una plantación de árboles destinada fundamentalmente a la enseñanza, la conservación y la investigación.)

    sábado, 14 de julio de 2007

    Descripción del parque en palabras de Guillermo Enrique Hudson


    De "Allá lejos y hace tiempo":



    La casa en que yo nací en las pampas sudamericanas, era muy apropiadamente llamada "Los veinticinco ombúes", porque había allí justamente veinticinco de estos árboles indígenas de gigantesco tamaño. Se encontraban ampliamente separados entre si, formando una fila de más o menos cuatrocientos metros de largo.










    Las pampas son en su mayor parte niveladas como una mesa de billar. Donde nosotros vivíamos, la comarca presentábase sin embargo ondulada, y nuestra casa hallábase situada en el plan de una de las más altas elevaciones. Delante de ella se extendía la gran llanura verde, al nivel del horizonte, mientras que detrás del edificio, caía el terreno abruptamente sobre un ancho y profundo arroyo que se volcaba en el Río de la Plata a una distancia de cerca de dos leguas al este. Este arroyo, con sus tres viejos sauces colorados creciendo en los bordes, constituía fuente de inagotable placer para nosotros. En cualquier momento que bajáramos para jugar en sus orillas, el fresco y penetrante olor de la tierra húmeda nos producía un extraño y excitante efecto, llenándonos de salvaje alegría.












    Nuestra casa, de construcción larga y baja, hecha de ladrillo y muy antigua, tenía la reputación de estar encantada. Uno de sus anteriores propietarios, cincuenta años antes de que yo naciera, contaba entre sus esclavos a un hermoso joven negro, que por su belleza y afabilidad convirtióse en el favorito de la señora.


    Tal preferencia llenó de sueños y de aspiraciones los pobres sesos del negro, e interpretando mal las graciosas maneras de su patrona, se aventuró, acercándose a ella, en ausencia del amo, a declararle sus sentimientos.


    No pudo la dama perdonar semejante ofensa, y cuando el esposo regresó, lo recibió pálida de indignación, refiriéndole cómo el miserable esclavo había abusado de su bondad.


    Poseedor de un corazón implacable, el esposo ordenó que el ofensor fuera suspendido por las muñecas de una de las ramas bajas y horizontales de "El Arbol", y allí, a la vista del amo y de la esposa, los demás esclavos, sus compañeros, le azotaron hasta causarle la muerte. Su cuerpo deshecho fué conducido y enterrado en un profundo foso, a pequeña distancia del último de los ombúes de la larga fila.


    Y era el espíritu del pobre negro (cuyo castigo fué más duro que lo que su proceder reclamara) el que se suponía encantaba el lugar. No se aparecía, según las versiones circulantes, a la manera del duente común, que camina envuelto en una sábana blanca. Los que sostenían haberlo visto, aseguraban que. invariablemente, se levantaba del sitio donde el cuerpo había sido enterrado como una leve y luminosa exhalación de la tierra y tomando forma humana flotaba lentamente hacia la casa, paseándose entre los grandes árboles y sentándose a veces sobre una vieja y saliente raiz. Allí permanecía inmóvil durante horas, en una actitud meditativa y triste, al decir de mucha gente. Yo no lo vi nunca.



    miércoles, 4 de julio de 2007

    Folletos del Parque Hudson II

    Haga click en la imagen para verla de forma ampliada.

    Tomado de la página de los Amigos del Parque Hudson

    Folletos del Parque Hudson I


    Haga click en la imagen para verla de manera ampliada.

    Tomado de la página de Amigos del Parque Hudson

    martes, 3 de julio de 2007

    Algunos ensayos y poesías sobre la obra de Hudson

    Al final de cada párrafo encontrará el enlace para leer todo el artículo.

    Idle Days in Patagonia es ante todo un libro sobre la otredad.En las márgenes del imperio surgen estas miradas cruzadas, ejercidaspor los que a la vez son marginales a los proyectos. En Idle Days in Patagonia el estudio de la otredad aparece, como sucede siempre en la narrativa de viajes, como un estudio sobre la constitución del sujeto, el no sujeto es el otro. Ejemplo de esto es la elaborada discusiónque hace Hudson sobre el rol de los ojos y la mirada en la aprehensión de la realidad....



    Que la lengua contiene la patria y que la patria se dice en la lengua son fórmulas repetidas hasta que escandalosas convivencias de dichos pamperos y ruiseñores británicos vienen a impugnarlas. Guillermo Ara hace el patriótico esfuerzo de encontrar en la prosa inglesa de Hudson los ecos gauchescos de algunos giros. Por ejemplo, My faults are more numerous that the spots on the wild cat podría ser frase que un Martín Fierro hubiera dicho como Tengo más vicios que manchas el gato salvaje, para más tarde exclamar algo así como Madrecita de mi alma! o Little mother of my soul!....

    La pampa de memoria. William H. Hudson




    ".. La región ya no se presenta como la barbarie, inexplorada y desierta, se ofrece en cambio como metáfora del porvenir, el territorio donde aún se pueden encontrar las oportunidades para llevar a cabo lo que no fue posible en otras regiones de la Argentina. A este tercer momento corresponden las narrativas de Guillermo Enrique Hudson y Ezequiel Martínez Estrada. A la vez es posible argumentar que Hudson extiende esta etapa a otros escritores de habla inglesa que habrán de visitar la Patagonia en la segunda mitad del siglo XX, como es el caso de Paul Theroux o Bruce Chatwin. Estos a su vez serán el punto de partida para nuevas narrativas argentinas que responden, contrapuntean o rescriben las británicas. Es posible ver un movimiento de vaivén que va entretejiendo, a lo largo de varias generaciones, una trama hecha de narraciones que en algunos casos no tienen otro punto de partida que la de revisar la de un viajero anterior..."

    Lo abierto y lo cerrado: el espacio patagónico en la literatura de viaje Ernesto Livon-Grosman



    Ensayo sobre La Era de Cristal y Mansiones Verdes

    por Luis Pestarini para la revista Axxón



    Hudson, Martínez Estrada y las Marta Riquelme, ensayo de Herminia Solari



    Allá lejos y hace tiempo, canción de Armando Tejada Gómez y Ariel Ramírez



    La mancha púrpura*

    Aunque, como narrador de La tierra purpúrea, Lamb se excusa frente al público "civilizado" por las cosas que está contando, en rigor se comporta como un paisano más en medio de secuestros de mujeres, revoluciones, romances castos y diálogos chispeantes repletos de ginebra


    Sobre "La Tierra Purpúrea" por Amir Hamed



    Confabulaciones y configuraciones de una misma escritura literaria

    Sobre "La Tierra Purpúrea" por Lisa Block de Behar

    "Luego de su partida de la Argentina, en 1869, Londres fue su morada aunque su "verdadera existencia terminó" según decía, cuando se alejó del "círculo mágico de la pampa",(7) cuando su territorio, poblados y pobladores devinieron recuerdos, imaginación y nostalgia en una misma escritura. Un problema de identidades cruzadas y la inevitabilidad de comparaciones que el criollismo recio y artero por el que Borges atravesaba en los años 20, resuelve, en términos generales, a favor del forastero inglés en desmedro del orden autoritario de los alemanes, de la soberbia crítica de los franceses y la soberbia prescindente de los españoles:


    "Los ingleses -algunos-, los trashumantes y andariegos, ejercen una facultá de empaparse en forasteras variaciones del ser: un desinglesamiento despacito, instintivo, que los americaniza, los asiatiza, los africaniza y los salva."


    Según ese primer Borges, La tierra cárdena -así la denomina- es una secuencia de aventuras peleadoras y lances de variado amor donde no deja de asombrar el horizonte de una redención que asoma sobre la tierra. En su luego denostado afán de derivación neológica, dice de Hudson en particular: "inglés chascomusero y hombre de ciencia universal que, en pleno siglo XIX, en pleno progresismo y despuesismo, ensalzó la criollez." En su ensayo "Sobre 'The Purple Land' ", Borges reconoce a Hudson como el mayor escritor de literatura gauchesca y no duda en incluir su obra primordial entre las de sus escritores preferidos.

    Lisa Block de Behar

    Presione aquí para leer todo el ensayo


    Green Mansions Film

    1959-USA-Romantic Adventure/Adventure DramaN.Y. Times Review by Bosley Crowther

    PLOT DESCRIPTION
    This romantic drama set in a Venezuelan jungle is based on a novel by W.H. Hudson about Rima, a mythical "bird-woman" and her love for Abel, a man running from political assassination. In this adaptation, Rima (Audrey Hepburn) is a real woman living in the jungle with her adopted grandfather Nuflo (Lee J. Cobb). Abel (Anthony Perkins) escapes his pursuers and meets Rima after a local tribe has taken him under their wing. The unlikely couple fall in love but Abel is haunted by his desire to go back into his world to avenge his father's murder at the hand of his political rivals. While he is struggling with his own dilemma, the local tribe is beginning to believe that Rima is an evil spirit they must destroy. ~ Eleanor Mannikka, All Movie Guide

    lunes, 2 de julio de 2007

    Video del Parque Hudson

    Roberto Tasano en el Museo Hudson


    Roberto Tasano, periodista y editor, describe desde la Granja de Permacultura del Museo Hudson, el paraje natal del gran escritor y naturalista bonaerense G.E.Hudson. Lo hace minutos antes de que se comiencen las tareas de labranza y en coincidencia con la visita del naturalista Ricardo Barbetti

    viernes, 29 de junio de 2007

    El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson

    "Lo fantástico"
    Autor Ezequiel Martinez Estrada

    ¡Con qué naturalidad surge de lo real lo fantástico en la obra de Hudson! Muchas veces es difícil trazar la línea divisoria entre el mundo de las cosas y el de las visiones, el de los fenómenos registrados dentro de las leyes establecidas, por hechos bien clasificados, y el que a sus márgenes agrupa fenómenos en una masa informe de acontecimientos excluidos de toda investigación seria. Hudson habla siempre de cosas y seres ciertos, pero nunca puestos sobre una mesa para examinarlos en una autopsia. La onda de vida que de ellos parte se propaga indefinidamente en un mar de vida circundante y comprendemos que todo es maravilloso y milagroso; hasta nosotros mismos nos contagiamos de esa devoción de belleza y nos asombra encontrarnos partícipes de un bien que poseíamos y desconocíamos. Efectivamente, la realidad, la monótona realidad de todos los días, una flor, un guijarro, una hormiga son portentos para adorar de hinojos. Al final del capítulo IV de Una Cierva en el Richmond Park se pregunta: “¿Qué podemos decir de esto sino que es inexplicable?” Algo vagamente consciente, fuerza o principio propio de la naturaleza que, si se la observa atentamente, nos da la certidumbre de lo sobrenatural. Se puede explicar y se ha tratado de explicarlo de mil maneras, sin que se lo pueda aislar ni definir, infuso en los organismos animales y vegetales, en cada una de sus células tanto como en sus agrupaciones, y que no se puede nombrar porque se lo ignora.

    Todo se encadena y se entrelaza y son visiones de un mundo terrenal maravilloso las que sus ojos contemplan y con otros sentidos percibe, sin que la imagen conjunta de esas impresiones configuren ninguna idea racional. La impresión que sus obras nos comunica, no porque se lo proponga deliberadamente “sino porque también él clama por luz en las tinieblas”, es la de islas bien exploradas pero con habitantes que hablan lenguas desconocidas, emergiendo del océano; y que señalándonos las particularidades de las cosas nos mantuvieran suspensos en la inminencia de un milagro o de una revelación que no acaba de producirse.

    Es en las descripciones y en los relatos más sencillos y comunes, con seres, personas y hechos familiares a todos, donde él ve un matiz, un relámpago de lo sobrenatural iluminándolo sin deformarlo. Regularmente lo que percibe queda registrado como una especie de exaltación de sus sentidos en un amoroso éxtasis, perfectamente sano y normal, que en nosotros que no tenemos el hábito de lo prodigioso ni la fortaleza de su espíritu, se nos bisela en una irisación fantástica, no percibida antes, pero que intuíamos latente faltándole sólo hacerse manifiesta y expresarse. El naturalista no puede reprocharle que se evada de los límites estrictamente lícitos de la observación objetiva, ni que agregue a la realidad un plus de imaginación o de fantasía. Lo que se atribuye a un plus que el poeta o el artista adscriben a la realidad está efectivamente en ella cuando se alcanza a distinguir en su rostro una fisonomía más que una efigie. Las cosas son como él las contempla, como él las retrata, pero por dentro de ellas circula una energía misteriosa; en sus formas y expresiones vibra un élan trascendental, que él torna perceptible y sentimos que la revelación integral que a él le debemos ni la ciencia ni nosotros mismos habíamos podido revelámosla. Es un ejercicio cotidiano de más de siete décadas —además de su genio y de sus condiciones de honrado observador— lo que opera esas revelaciones; y aquí la palabra debe ser entendida y aceptada tanto en su acepción mística como la más común que determina la aparición de la imagen sobre la placa fotográfica.

    Pero ¿qué es lo real de la realidad? Ahora se inclina humildemente el sabio a admitir que sea lo que antes se entendía por atributos y cualidades secundarias o accesorias y adjetivas. ¡Los nóumenos de una realidad sólida y litografiada para siempre serían lo ilusorio! Y esas apariencias que tienen como garantía la percepción bruta de los sentidos ¿por qué habían de tener menos consistencia que las cosas en sí, fantasmagorías a su vez de la razón? Por primera vez Dostoiewsky hizo tangible, por decirlo así, la inexorablemente rígida armazón de lo absurdo. El primer hombre que comprendió el mensaje secreto de un orden desordenado en la naturaleza y en la vida del hombre, fue Demetrio Karamazoff. Oyéndolo razonar, y con una lógica hasta entonces nunca oída, Hipólito Kirillovitch, el fiscal que acusa a Smerdiakoff exclama, confundido por el nuevo torbellín en que los hechos se agitan: “Señores: dejemos aparte la psicología, dejémonos de ciencia médica, prescindamos de la lógica, volvamos los ojos a la realidad y veamos lo que la realidad nos dice” (Los Hermanos Karamazoff, parte IV, libro 12, cap. 8). Demetrio, que estaba acorralado entre burócratas blindados en su sano juicio, comprendía que lo verdaderamente fantástico era la realidad, no toda en grande, sino ese fragmento que había tenido que vivir en los últimos días. Chestov encontró para calificar esa visión de lo sobrenatural en lo natural a que tantas veces aludió Hudson, como la que tienen los ojos del Ángel de la Muerte. Tras la muerte del hombre terreno (y esto ocurre no una sola sino varias veces en una vida vigilante) los ojos adquieren esa visión ultrapenetrante. Hudson la cobró en su viaje a la Patagonia, y es distinta de la visión de lo trascendental en lo real que tuvo en sus primeros años. Y sólo en su obra póstuma se aventura a dar libre curso a preocupaciones de setenta años, como hizo Goethe, ya seguro de que había asistido a un espectáculo de magia, donde la naturaleza había expuesto ante él verdaderos milagros surgidos todos de su seno, inagotable y diariamente, sin toque de varita, y con el deber de conciencia de una confesión in extremis. Su concepto de lo sobrenatural se inscribe en lo natural; sus cuentos fantásticos están elaborados con la misma destreza con que Andersen y Kipling manejaron esta peligrosa materia literaria, en que Conrad y Henry James hicieron incursiones felices. El Ombú a este respecto debe considerarse un cuento realista sin más elemento sobrenatural que una superchería; mas no así El Niño Diablo. Es aquí como en Mansiones Verdes, donde esa prodigiosa habilidad de Hudson de superponer a la realidad una como reverberación de lo fantástico alcanza su más alto punto. Está dentro de la técnica de Rudyard Kipling pero mucho más dentro de la técnica todavía más fina y destilada de Conrad, para quien el mar y el cielo conjugan una realidad delirante que se percibe con los ojos bien abiertos, cuyos elementos son los mismos de la realidad más controlable por los sentidos comunes y por el sentido común. La misma, en fin, de los capitanes de barcos mercantes y de carga que gobernaban sus barcos con derrotero fijo y los arribaban en fechas precisas.
    En El Niño Diablo, este muchacho posee facultades insólitas, adquiridas en su vida de cautivo en las tolderías de los indios, y eso es todo. Posee no una magia de adivinos o hechiceros, sino hábitos y formas de ser y de vivir de otra realidad más primaria en que las notas que la expresan componen un juego muy distinto que el del hombre civilizado.

    Se trata a menudo de facultades sobre o infrahumanas como las que siempre ansió él poseer y de las que jamás se disuadió de que no estaba dotado, como tampoco los demás seres vivientes. Lo fantástico formaba parte integrante de su concepto de lo real. No era algo que le estuviese añadido, superpuesto, era lo real mismo en su cabal expresión de sí. Hay en Pájaros de la Ciudad y de la Aldea una digresión de carácter fantástico, que le es sugerida por el canto del torcecuello. Aquí es una fantasía en el sentido que damos a la palabra cuando se aplica a la literatura de ficción; mas es algo enteramente distinto. Es uno de los pasajes más impresionantes de la imaginación imprevisible de Hudson, pero no una ocurrencia sino uno de los más supremos esfuerzos que ha realizado para transmitimos la impresión de esa unidad de vida que en la naturaleza es una de sus propiedades, y que se diversifica y se reviste de infinitas apariencias —el velo de Maya—, animando a cada ser con una partícula de la misma calidad y esencia. El canto del torcecuello comienza como un reclamo vulgar y gradualmente se parece más y cada vez más a una risa que se vierte muy lejos prolongada y resonante. Una risa sin alegría, ni unción, ni humanidad: seca, mecánica, como si un instrumento musical de cobre o de madera, que no tiene vida, prorrumpiese a reír. Imagina entonces que un niño ha tenido la trágica revelación de que morir es el destino de todo ser, y le espanta advertir que en la aldea todos viven indiferentes a ese destino, comiendo, bebiendo, durmiendo, sin despertar un momento siquiera para comprender la belleza gloriosa del mundo y sin responder con su alegría al júbilo eterno de la naturaleza. Decide entonces apartarse del trato de sus semejantes, esconderse en la espesura, y alimentarse de hojas y de frutos silvestres. Allí estaba cuando alguien —no sabría decir quién, gitana o bruja— lo encontró en su escondite de hojarasca, defendido por ramas espinosas. Al ver su rostro escuálido vuelto hacia el cielo y la ansiedad de hambre reflejada en él, se compadeció. De suceder así, no hubo de ser ninguna persona maligna, sino más bien un espíritu brotado del suelo, o algún anacoreta muy viejo, de los que pasan su vida procurando descifrar los enigmas de la naturaleza. Le habló al niño de los poderes inmensos que la naturaleza encierra en su seno, de la virtud resplandeciente que se oculta en todas las cosas y que si uno se fija bien puede descubrirla, como cuando uno se acerca a mirar los tornasoles de una gota de lluvia. Le dijo también que lo que vive siempre y jamás se extingue, es el espíritu, y que con la muerte se deja un cuerpo que se deshace para entrar a animar otro que se forma. Era posible, asimismo, prolongar la propia vida indefinidamente, como las serpientes y las tortugas. La hormiga posee, le dijo, un ácido que da la clarividencia y la vida perdurable, pero tendría que conformarse con no comer otro alimento que hormigas. Y mientras se alimentara de hormigas la muerte no llegaría hasta él. Con avidez se arrojó el niño a un hormiguero próximo y comenzó a devorar insectos, hasta que sintió que caminaban por las paredes de su estómago y que, enloquecidas por no poder escapar, le mordían el interior de su cuerpo, hasta las entrañas, buscando salida. Prosiguió muchos días devorando hormigas —tal era su ansia de vivir—, y al poco tiempo se enfermó, quedándose tan flaco que parecía un esqueleto que no podía andar sino arrastrarse. Solamente quedaron intactos sus ojos, que contemplaban cada día más hermosos el verdor de la tierra y el azul del cielo. Poco a poco, habituándose al alimento, consiguió caminar y encaramarse en los árboles para mirar desde lejos la aldea que había abandonado. No tenía recuerdos ni pesares y sólo pensaba en las hormigas, que llegó a considerar manjar exquisito. Cuando estos cambios se operaron en él comenzó a producir su efecto mágico el ácido y sus fuerzas aumentaron en desproporción a su cuerpo, que es lo que sucede a las hormigas. Y también poco a poco todo su ser experimentó una extraña metamorfosis, cuerpo y alma; pues olvidó el lenguaje y los cantos y las manos se le convirtieron en zarpas. Sólo conservó su risa que le sobrevenía de pronto y sin razón al estar tendido al sol y sentir una grande e inmotivada alegría. Su risa, sí, se proyectaba a lo lejos, prolongada y resonante. Al oír ese sonido sin ver a quien lo producía, imaginó Hudson un hombre diminuto, flaco, gris, cubierto el cuerpo con un manto de vistosos colores, que él mismo habría tejido de algún sedoso y tenue material, y un gorro apretado en su cabeza, terminando en forma puntiaguda, con una pluma blanca y negra. Debajo del gorro una cara chiquita, pálida, seca, con nariz afilada, los labios rígidos y sus ojos redondos, brillantes y asustados.

    Pero éste es un aspecto derivado hacia la literatura de imaginación en la obra de Hudson, de lo que él sentía como un “mundo” maravilloso en el salvaje y en los animales, reflejo a su vez de otra de las muchas formas de pensamiento en la naturaleza. Se ha de distinguir de lo fantástico tradicional que predomina en los cuentos infantiles, por ejemplo, y que utiliza para el final del cuento Marta Riquelme. El cuento que he glosado antes y éste, difieren en la calidad de lo fantástico aun dentro de una misma tesitura. Del mismo tipo de este último hay cuatro cuentos en La Tierra Purpúrea, relatados por cuatro peones para quienes no hay deslindes entre el prodigio y la más grosera realidad terrestre, pero cuando Richard Lamb pretende contar lo que ha visto positivamente en Londres, la ciudad como es, entonces todos se niegan a escucharlo, pues habían prometido contar cuentos reales y el inglés intenta hacerles creer lo imposible. Es una escena de gran significado para juzgar de lo sobrenatural en la concepción de la naturaleza y de la confusión que en las mentes existe acerca de lo sobrenatural. Aquello que para los narradores, que no conocen sino la vida semisalvaje del campo, es lógico y comprensible (todos los suyos son cuentos prodigiosos), configura lo que hoy llamamos “la mentalidad primitiva”. Pero la mente del primitivo es, además de lo que han descrito los etnólogos, el receptáculo más sensible del animal irracional, y el animal irracional percibe por sus sentidos muchísimo más afinados, fenómenos que apenas son sensibles para nosotros, y sin interferencias del raciocinio técnico, ni de las asociaciones subconscientes con que condicionamos, reforzamos y ordenamos en un cosmos el caos real. Además, el hombre primitivo no sabe expresarse para que lo entendamos y nos parece tan absurdo como nosotros a él. En esta línea de confidencias, recuerda Hudson que se aterran como sí vieran duendes, y admite que es bastante probable que los vean, dado que hay duendes animales y humanos, como hay telepatía entre unos y otros, únicamente que tendríamos que decir que los ven con el olfato. El duende es sólo un olor aterrador por experiencia o tradición, que el olfato capta a pesar de ser un órgano primario que ha perdido en muchísimas especies su función de relacionar al individuo con notas de una realidad usurpada por el ojo y el oído. Una Cierva en el Richmond Park no es la rehabilitación del mundo de los instintos y de la mente del hombre primitivo, como lo estudiaron Boas, Levy-Brühl, Malinowski y tantos otros, sino el aporte de datos nuevos de su experiencia que harían más comprensible ese tipo de mentalidad. Entre esos instintos que comunican al ser con lo que entendemos por fantástico —vías clandestinas de acceso a una intuición de esencias de la realidad—, sin que lo sea, están el de la orientación, uno de cuyos derivados es la migración de los animales, en masa o individualmente, y en particular de las aves. Como este instinto hay otros muchos, más o menos cegados en el hombre plenamente consciente. Porque la inteligencia es, por función propia, destructora de misterios, y como su misión vital ha sido en los orígenes liberarnos del terror, se satisface cuanto más profundamente sepulta lo que no entiende. Pero entre el cielo y la tierra, decía Hamlet, hay muchas cosas que no comprende la filosofía.



    Tomado de esta página.



    Algunos de los libros que se mencionan en el ensayo los puede descargar de nuestras páginas:


  • Para corregir, esto quiere decir mejorarle el formato y corregir los errores del escaneo están:

    • Una cierva en el Richmond Park

    • Pájaros de una aldea


    Si quiere corregirlos y así mejorar el acervo de libros de Hudson existentes acá verá como hacerlo.


    Es probable que se me haya escapado algún otro libro que menciona Estrada en su ensayo, si es así, avíseme por favor a:
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